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ARTÍCULOS LPDE – DEBATE: MUCHO MÁS QUE UN JUEGO.

por | Jun 17, 2019 | Publicaciones | 0 Comentarios

Desde Santiago de Chile, Miguel Reyes Almarza, coautor del libro Argumentación para Todos, nos comparte este estimulante artículo. Por Prof. Miguel M. Reyes Almarza:

Estoy convencido –no persuadido– que el discurso es una constante que antecede a quién lo ejecuta y lo sobrepasa en demasía cuando lo recubre la voluntad de saber y el aporte al conocimiento, capturarlo en algún tipo de formato es la forma más rudimentaria que tenemos para usufructuar de sus virtudes apoderándonos de su fuerza como metodología de enseñanza. El debate, por cierto, es una de sus formas más pretendidas y hoy por hoy de las más cotizadas en los espacios académicos en ausencia de su correlato en lo público.

Superada la etapa de aprendizaje, donde transitamos por los derroteros de la lógica fundamentalmente, el debate debe mutar a formas menos cartografiadas en la búsqueda de generar consensos y potenciar la razón, o mejor aún, para poder realmente expresar en el espacio social aquello que busca estimular en todo orador nobel: el pensamiento crítico. Las habilidades que del debate se obtienen deben sobrevivir por tanto al ejercicio mismo de la actividad muchas veces atrapada en procedimientos y ejecuciones forzosas e incluso censoras del accionar pleno de la palabra. Su desempeño efectivo debe cotejarse a la luz de los hechos superando las trampas formales y los errores lógicos para ir en ayuda de procesos de deliberación y resolución desde lo privado hacia lo público.

El problema no es la herramienta, insisto, esta es fundamental para estimular ciertas destrezas necesarias para el ejercicio dialógico, no obstante, su mera expresión competitiva tiende a minar el impacto real de las habilidades cognitivas que de allí se desprenden dejando, por un lado, una especie de pretensión académica dudosamente supremacista, y por otro, una desconexión total sobre nuestra labor como ciudadanos. Es la gran diferencia entre convertirse en un ‘debatiente’ de salón y un ‘orador’ integrado al mundo.

Debatimos para mejorar nuestra concepción de mundo. La dimensión dialógica que propone la actividad nos conduce a fuerza a reconocer la legitimidad del otro y a reconocer –y empatizar- distintos puntos de vista en cualquier ámbito social. El lugar del debate, sin duda, extraña la acción cívica, la resolución sobre espacios comunes que permitan mejorar nuestra condición de ciudadanos cuando solo se gobierna desde los afanes de la competencia ¿Es necesario competir? Biológicamente no. Parafraseando a Maturana el desarrollo humano –la autopoiesis- necesita únicamente de la conservación de la congruencia con nuestro entorno, en palabras simples, la competencia que se sostiene en el binarismo vencedor-vencido deja de ser relevante a la hora de generar acuerdos que favorecen a todos, lo importante acá es colaborar. Solemos decir cada vez que una discusión no está a nuestro favor que hemos ‘perdido’ tal disputa, no obstante los invito a mirarlo desde otra perspectiva, cada vez que nuestras ideas, razonablemente no se imponen, es porque hemos aprendido de otras que pasamos a integrar como parte de nuestro acervo, ganamos un razonamiento que no teníamos.

Volviendo al debate. Como herramienta de empoderamiento ha ganado un reconocimiento sin precedentes, sin embargo el desarrollo del pensamiento crítico necesitará de muchas más dimensiones que solo aquellas posibles de delimitar como los elementos lógicos y sustantivos. El debate debe nutrirse también de lo dialógico no como un procedimiento dialéctico, que ya lo tiene, sino como un instrumento que permita potenciar nuestros argumentos mejor trabajados y separar aquellos que no se sostienen ante el escrutinio de los demás, diálogo que supera ampliamente los ejercicios puramente formales. Así también el pensamiento crítico debe considerar el contexto y la pertinencia de la discusión. Luego de instalado como recurso educativo y asegurado su desempeño debe considerar el espacio de lo real, allí donde aquellas reflexiones experimentales pueden resolver cuestiones perentorias y por tanto necesarias. El lugar del debate siempre es el ‘ágora’ siempre es ‘afuera’ allí donde todos nos reconocemos como ciudadanos legítimos e intentamos razonar acerca de lo importante y lo necesario. En cierta medida los torneos pueden fungir como la mesa de trabajo para pensar otras iniciativas superiores donde el desarrollo del pensamiento crítico impacte de forma positiva. Apoderarse de la metodología será muy necesario para potenciar la capacidad de empoderamiento constante de los oradores y así configurar, mediante un trabajo sistemático, un ciudadano informado, crítico y capaz de proponer soluciones para sus propias problemáticas y fiscalizar con propiedad el correcto desempeño de sus gobernantes. Ejercer ciudadanía constructiva y con una alta capacidad crítica será su objetivo fundamental.

El debate que no invite a la acción y al cambio y que se acabe únicamente con la premiación en el podio deberá ceder espacio, tarde o temprano, a la actitud cívica de la resolución de conflictos, no importa dónde ni cómo. Conocidas y adquiridas las habilidades que del debate se desprenden cada uno de nosotros deberá impactar positivamente en todos los escenarios posibles donde la ciudadanía exige con urgencia soluciones inmediatas e ideas inspiradoras para nuestra América y el mundo.

Emoción y razón. Este artículo será parte de la primera edición de la Revisa Dialógica, de la Liga Peruana de Debate Escolar. 

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